No nos averguences Jehude

Abril 29, 2009

Nuestro actual premier es un funcionario público opaco. Un personaje simpático, pero opaco. Debe ser muy hábil en algo. Como Gobernante no le detecto mayores logros. Su gestión –hasta la fecha- solo podría ser señalada por su éxito recomponiendo burocracia progre.
Claro, a su favor alguien puede destacar su valor como fusible y también decirse que le tocó bailar con la fea (la Crisis Global).
Y esto sería cierto. Esto, eso sí, casi tanto como que parece no tener la menor idea de la magnitud de su responsabilidad.
Hoy (28.04.09), sin embargo, Simons ha dado vergüenza.
Lo he escuchado en RPP, timorato, casi arrodillarse frente al hediondo dictador venezolano.
Por poco le pide perdón por el asilo al Señor Rosales.
O, ya se viene la campaña y la premura financiera obliga, o le encantan las dictaduras. De algo tengo pocas dudas. El Premier sí sabe lo que pasa en Venezuela.


El Espejo Externo

Abril 15, 2009

econoversiaParecemos muy preocupados por las cuentas fiscales. Por la morosidad bancaria. Porque la burocracia gaste mejor. Por la suerte de tres o cuatro señorones –y señoritos- mercantilistas que nos amenazan con despedir gente. Por gente que difícilmente podemos emplear -más allá de en días de vacas gordas- y para que no se dispare la pobreza rural. Pero ignoramos las tendencias incipientemente peligrosas de nuestra balanza de pagos. Ignoramos sus señales (ver figura adjunta)

Creemos que tenemos reservas internacionales para rato. Creemos que controlar el tipo de cambio (dizque controlar su volatilidad) nos aseguraría estabilidad nominal. Creemos que los regalitos para el agro van a compensar la previsible caída de las agroexportaciones. Creemos que la recesión global se está moderando.

Ojalá no nos equivoquemos. La factura resultará elevada. En todo caso resulta clave mirar el espejo de nuestras cuentas externas.

PD: ¿Cuáles son estas tendencias:

Se deterioran las exportaciones, remesas y los influjos de capitales sostenida y simultáneamente. Esta situación debe ser revertida.

Se deben enervar competitividades exportadoras y captadoras de inversión como una suerte de prioridad nacional (Educación, Infraestructura, dólar libre y reformas sectoriales).

Resignarse a menor crecimiento (con dólar barato), dado el actual deterioro global, implica un caminito harto conocido en la región…


El Recule de la Política Agraria: Tiempos de Regaleytons

Abril 7, 2009

regaleyton

A fines del año pasado, el Agro peruano daba la impresión de estar encaminado a quebrar su maldición. No solo crecía empleando y exportando -a pesar del dólar barato que le imponía el BCR-; reducía la pobreza de la costa rural a un ritmo históricamente inusual. Por aquellos días se hablaba de incentivar la reconcentración de la propiedad y la innovación tecnológica sectorial –reuniendo parcelas no competitivas a través de una reformulación del programa toledista de compensaciones (para pocos vivazos)-. Si esta nueva política agraria se hubiese consolidado, con TLC y de la mano con mejoras en la educación pública rural y en la inversión público-privada para la reducción del déficit infraestructura a lo largo de todo el país, hubiéramos atestiguado un boom agropecuario y el sombrío fin del agrarismo (léase: estatismo agrario) que financia económica y políticamente a la izquierda limeña y consolida la pobreza rural.
Gracias a las andanzas de Rómulo León y su amigo Bieto, nos quedamos con un gabinete izquierdistón y con un ministro de agricultura de apellido Leyton. Un Sociólogo con una destacada trayectoria propiciando la elección de candidatos huesos (al menos en Arequipa). Con esto, no había que ser muy listo para anticipar el recule en 180 grados de la política agraria. Estos son los días de los regalitos o regaleytons.
Ya nadie habla de competitividad agro exportadora, ni de biotecnologías reguladas, ni de programas de compensaciones para incentivar la innovación tecnológica. Hoy, por ejemplo, dada la impericia de los asesores congresales (¿o algo más?) hablamos de condonaciones a préstamos privados a través del agrobanco (PREDA). Práctica que ni siquiera el MEF quiere avalar. Son días en los que renacen los fondos de garantías (tipo Absalón) para los malos préstamos y en los cuales –caleta- el Ministerio otorga financiamientos especiales para ciertos empresarios algodoneros locales (amigos, supongo) con cargo a los fondos de Agroperú. Bajo este esquema, se considera la entrega de un bono por la implementación de buenas prácticas. Bono con el cual los algodoneros podrían “pagar” el crédito. Lo discutible implica el que ese bono salga de los recursos del fondo.
Como se repite por ahí: “te presto plata, pero si implementas ciertas prácticas que yo te dicto, ese préstamo deja de ser préstamo y pasa a ser un regalo. No te lo cobro”. Este regaleyton ignoraría que Agroperú sólo permite dar créditos y otorgar garantías para respaldar créditos. No permite subsidiar ni entregar bonos, compensaciones o regalar la plata. Aunque resulta absurdo que –con precios en derrumbe- se pida a quienes están perdiendo plata que inviertan en letrinas (que no tienen en su casa). Resulta mucho más absurdo subsidiar un algodón que nadie, ni las desmotadoras, quieren comprar. Aquí se cae la pregunta del millón: ¿Quién lo comprará? ¿Los contribuyentes (Agrobanco)?
Pero si usted creía que la falta de brújula y la proliferación de ayudas con nombre propio ya resulta sugestiva, agréguele los afanes por elevar los aranceles (léase: las utilidades de ciertos amigotes), encareciendo alimentos, para proteger determinados cultivos. ¡Ese sí es un regaleyton!
Aquí, sin embargo, no deja de sorprender la deslatad con el MEF. Después de todo, se abre un nuevo flanco de protesta con una muy buena bolsa.

Bajo esta perspectiva ¿Cuál sería el previsible correlato de este recule en la política agraria? Aquí la respuesta es sencilla: atraso, corrupción y retroceso en la reversión de la pobreza rural peruana.


¿Economista, Congresista o Futbolista?

Abril 1, 2009

La elección de qué oficio resultaría conveniente estudiar implica un tema de lo más sugestivo en nuestro país. Vivimos en una sociedad con dos ambientes. El ambiente de la minoría -los altamente calificados- con demanda creciente; y el de la mayoría -la mano de obra efectivamente no calificada o con calificación obsoleta- que enfrenta, y previsiblemente enfrentará, una demanda laboral decreciente. En este escenario se dan adicionalmente algunas peculiaridades. En las estadísticas abundan los titulados… pero en los mercados escasea el capital humano (algo así como el inventario de gente efectivamente educada).

Pocos -muy pocos- se escapan de esta realidad (en la cual a mayor esfuerzo y calificación se asocia mayor paga y) se ubican en oficios con altas figuración e ingresos, ya sea en las canchas de futbol europeas o el Congreso de la República. Dada esta enredada realidad optamos nuevamente por el escapismo. Hoy –por ejemplo- se repite que no conviene educarse en carreras “viejas” (dizque sobre-ofertadas), y que, más bien urge apostar carreras técnicas, cortas u oficios con nombres nuevos, que supuestamente garantizarían alta empleabilidad en la actualidad y en el futuro.

No nos dejemos engañar. Si está seriamente interesado en la mejor elección académica accesible para usted o su familia, tenga muy en cuenta que la oferta de educación profesional de calidad en el país es en realidad muy reducida. Si bien proliferan entidades educativas con diplomas respaldados por el Estado Peruano, existen pocas entidades con un nivel académico impecable. Sobran los diplomas y certificados corruptos, tanto por nivel, u cuanto por obtención. Es por esto que, corrigiendo por niveles de calidad académica, el acervo de capital humano en el Perú es reducido. En español: que hay en realidad muy pocos abogados, médicos, contadores, ingenieros y economistas (de calidad).

Note que esta realidad no es broma. Limita severamente nuestras posibilidades de crecimiento y desarrollo económico. Nos empobrece a todos. A los educados y a los no educados. Aquí el mito de las carreras “viejas versus las nuevas” implica una simplificación extremadamente torpe. Obvia el fondo de la historia: la calidad del programa.

En el Perú requerimos gente educada en todas y hasta en cualquier carrera.
Creer que la etiqueta de un programa (tipo: electrometría computarizada ecológica o gestión globalizada de negocios estratégicos con mención en administración hotelera) resultaría per se una garantía de éxito profesional es un error. Como lo es creer que la reducción de exigencia y horas de clase resulta algo poco importante. Los cursos o programas más cortos dejan mucho menos y alcanzan la obsolescencia rápidamente. Cada día hay –y previsiblemente habrá- menos puestos para graduados en institutos y universidades de calidad deplorable y para programas facilitos y cortos. No importa si estos otorguen Magisters o Doctorados. El mercado discriminará. Quién contrate a esos graduados pagará la cuenta.
Aquí no hay frustración justificada. Si usted opta por horarios holgados, exigencia relajada y pagos aparentemente reducidos, no se queje después. Todos debemos saber quién es quién. Tengamos muy en cuenta que posiblemente no existe ámbito más corrupto en el Perú que la Educación. Por sí mismo un Título Profesional, Grado Académico o un Diploma a nombre de la Nación virtualmente no garantizan nada. Abundan los Doctores, Magísteres o Licenciados que nunca han pisado una biblioteca ni aprobarían exámenes minuciosos de primer año.

A esto agreguémosle –si usted cree en las colegiaturas- el rol cómplice de la mayoría de los colegios profesionales que no auditan mínimamente la calidad de sus colegiados, pero que exigen barreras monopólicas de entrada (cupos de graduación). El efecto de hacerles caso sería lamentable. Estos entes privados determinarían cual sería el nivel de ingresos de cada facultad (distribuyendo en función de objetivos nada transparentes los cupos) y actuando como repartidores de rentas monopólicas, sin resolver para nada el problema de fondo. Si les hacemos caso solo nos quedamos con menos pero de los mismos.
Ya lo saben, si usted no tiene la suerte del congresista Lescano o no juega futbol como Lionel Messi, entonces no le queda más que esforzarse en la carrera que usted elija, pero entendiendo que la clave es el nivel de exigencia.

Recordémoslo bien: los doctorados, títulos y las colegiaturas sólo valen cuando existe educación competitiva detrás.