
A fines del año pasado, el Agro peruano daba la impresión de estar encaminado a quebrar su maldición. No solo crecía empleando y exportando -a pesar del dólar barato que le imponía el BCR-; reducía la pobreza de la costa rural a un ritmo históricamente inusual. Por aquellos días se hablaba de incentivar la reconcentración de la propiedad y la innovación tecnológica sectorial –reuniendo parcelas no competitivas a través de una reformulación del programa toledista de compensaciones (para pocos vivazos)-. Si esta nueva política agraria se hubiese consolidado, con TLC y de la mano con mejoras en la educación pública rural y en la inversión público-privada para la reducción del déficit infraestructura a lo largo de todo el país, hubiéramos atestiguado un boom agropecuario y el sombrío fin del agrarismo (léase: estatismo agrario) que financia económica y políticamente a la izquierda limeña y consolida la pobreza rural.
Gracias a las andanzas de Rómulo León y su amigo Bieto, nos quedamos con un gabinete izquierdistón y con un ministro de agricultura de apellido Leyton. Un Sociólogo con una destacada trayectoria propiciando la elección de candidatos huesos (al menos en Arequipa). Con esto, no había que ser muy listo para anticipar el recule en 180 grados de la política agraria. Estos son los días de los regalitos o regaleytons.
Ya nadie habla de competitividad agro exportadora, ni de biotecnologías reguladas, ni de programas de compensaciones para incentivar la innovación tecnológica. Hoy, por ejemplo, dada la impericia de los asesores congresales (¿o algo más?) hablamos de condonaciones a préstamos privados a través del agrobanco (PREDA). Práctica que ni siquiera el MEF quiere avalar. Son días en los que renacen los fondos de garantías (tipo Absalón) para los malos préstamos y en los cuales –caleta- el Ministerio otorga financiamientos especiales para ciertos empresarios algodoneros locales (amigos, supongo) con cargo a los fondos de Agroperú. Bajo este esquema, se considera la entrega de un bono por la implementación de buenas prácticas. Bono con el cual los algodoneros podrían “pagar” el crédito. Lo discutible implica el que ese bono salga de los recursos del fondo.
Como se repite por ahí: “te presto plata, pero si implementas ciertas prácticas que yo te dicto, ese préstamo deja de ser préstamo y pasa a ser un regalo. No te lo cobro”. Este regaleyton ignoraría que Agroperú sólo permite dar créditos y otorgar garantías para respaldar créditos. No permite subsidiar ni entregar bonos, compensaciones o regalar la plata. Aunque resulta absurdo que –con precios en derrumbe- se pida a quienes están perdiendo plata que inviertan en letrinas (que no tienen en su casa). Resulta mucho más absurdo subsidiar un algodón que nadie, ni las desmotadoras, quieren comprar. Aquí se cae la pregunta del millón: ¿Quién lo comprará? ¿Los contribuyentes (Agrobanco)?
Pero si usted creía que la falta de brújula y la proliferación de ayudas con nombre propio ya resulta sugestiva, agréguele los afanes por elevar los aranceles (léase: las utilidades de ciertos amigotes), encareciendo alimentos, para proteger determinados cultivos. ¡Ese sí es un regaleyton!
Aquí, sin embargo, no deja de sorprender la deslatad con el MEF. Después de todo, se abre un nuevo flanco de protesta con una muy buena bolsa.
Bajo esta perspectiva ¿Cuál sería el previsible correlato de este recule en la política agraria? Aquí la respuesta es sencilla: atraso, corrupción y retroceso en la reversión de la pobreza rural peruana.
Agosto 21, 2009 a las 7:24 am |
Triste que esta sea la prevision para el agro cubano, cuando seran adelanto y progreso?