Autocomplacencia Recargada

Mayo 14, 2009

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China despide decenas de millones, pero sonríe y sueña con su nuevo futuro imperial.

Toyota arroja pérdidas por primera vez en su historia. mientras no deja de innovar con autos eléctricos.

Mientras Fiat compra parte de la Chrysler (para competir globalmente), la seguridad social estadounidense raspa insolvencia.

La argentinísima señora Fernández culpa al universo de las barbaridades de su gobierno (y los gauchos le creen).

El subordinado boliviano del dictador Chávez necesita desesperadamente romper relaciones con el Perú. Relaciones andinas que han alcanzado tal dimensión que –a pesar de la historia- sólo parecen existir por accidente geográfico y complicarse (exponencialmente) en base a los intereses geopolíticos de quienes los humillaron y los hizo una nación mediterránea.

Aquí –en el país del indómito Inca- el ente de la nación ofrece masivos préstamos hipotecarios en provincias, los pocos trabajadores formales se gastan su seguro de desempleo, mientras la recaudación tributaria dibuja una caída libre y todos; y apegados a muerte a un esquema veleta (i.e.: “la crisis global se acaba ahorita”), no parecemos entender lo que implica vivir con un dólar no deja de abaratarse y con una oferta nominal de crédito bancario que crece desproporcionadamente.

Dado lo anterior, después de la recuperación estacional del segundo trimestre, casi todo nos augura un cierre de año de lo más inquietante.

Como pueden ver soy de los que piensa que tal vez la crisis la estamos acunando en casa.


El Espejo Externo

Abril 15, 2009

econoversiaParecemos muy preocupados por las cuentas fiscales. Por la morosidad bancaria. Porque la burocracia gaste mejor. Por la suerte de tres o cuatro señorones –y señoritos- mercantilistas que nos amenazan con despedir gente. Por gente que difícilmente podemos emplear -más allá de en días de vacas gordas- y para que no se dispare la pobreza rural. Pero ignoramos las tendencias incipientemente peligrosas de nuestra balanza de pagos. Ignoramos sus señales (ver figura adjunta)

Creemos que tenemos reservas internacionales para rato. Creemos que controlar el tipo de cambio (dizque controlar su volatilidad) nos aseguraría estabilidad nominal. Creemos que los regalitos para el agro van a compensar la previsible caída de las agroexportaciones. Creemos que la recesión global se está moderando.

Ojalá no nos equivoquemos. La factura resultará elevada. En todo caso resulta clave mirar el espejo de nuestras cuentas externas.

PD: ¿Cuáles son estas tendencias:

Se deterioran las exportaciones, remesas y los influjos de capitales sostenida y simultáneamente. Esta situación debe ser revertida.

Se deben enervar competitividades exportadoras y captadoras de inversión como una suerte de prioridad nacional (Educación, Infraestructura, dólar libre y reformas sectoriales).

Resignarse a menor crecimiento (con dólar barato), dado el actual deterioro global, implica un caminito harto conocido en la región…


¿Nos Caemos?

Marzo 17, 2009

Las cifras de las primera semanas del año vienen más feas de lo previsto –si todavía pensamos en un crecimiento anual del 5%-. Explicaciones tentativas sobran. Por un lado tenemos los primeros impactos de una recesión global no solo masiva (sino de duración incierta) que congelan el grueso del planeta y con ello, los flujos de exportaciones y capitales privados que nos movían dinámicamente hasta hace poco.

También tenemos una política monetaria torpe que afecta las tendencias del mercado cambiario –distorsionándolo  a la baja- justo cuando más requerimos no perder competitividad.

Agréguenle a todo esto los miedos inducidos. Algunos contagiados y otros impulsados por el más miope interés politiquero de la alianza entre opositores del régimen y ese gran oxímoron de la sociedad peruana (los tecnócratas de izquierda).

Notémoslo bien. Aún crecemos y -si hacemos mucho más por ganar competitividad exportadora y por mejorar el clima de inversión- no tenemos por qué dejar de crecer a ritmos altos.

Pero, haciendo lo mismo de siempre (poca reforma, dólar abaratado y tratar de inflar el gasto fiscal), solo les daremos el gusto a los gobiernos democráticos de Cuba, Bolivia, Ecuador y Venezuela y sus aliados y asalariados en casa.

En esta encrucijada, asustarnos (léase: dejar que nos asusten) o caer en pánicos que le dejan la mesa servida a un montón de señoritos ávidos de prebendas mercantilistas y grandes proyectos de salvación nacional desde el Estado, sería algo muy cercano a suicidarnos económicamente. caemos

 

 

 

 

 

 


La Teta Chupada*: El Vergonzosamente Escondido Drama de la Agricultura Peruana

Marzo 15, 2009

 

 

presentacion1

Nos agrade escucharlo o no, una agricultura atrasada, protegida comercialmente y discrecionalmente subsidiada, es el gran negocio de la izquierda peruana desde los aciagos días de la corrupta dictadura velazquista. Es la gran teta succionada, política y económicamente, por el grueso de la izquierda peruana conocida.

El negocio económico se da en forma ordenada (aunque variopinta) a través de la administración de subsidios diversos y desde el financiamiento –nunca monitoreado por resultados- local y global de sus diversas ONGs. Bajo la idea de que el agro peruano es mayormente no competitivo y que debe ser direccionado por la burocracia de turno y que el minifundio es intocable (una suerte de rezago institucional inevitable). Dentro de este statu-quo (solo trastocado temporalmente bajo la administración del ex ministro Benavides) un ministro como el actual resulta clave.

El negocio político es más procaz. Todo régimen totalitario de izquierda requiere un país dividido, con excluidos frustrados y empobrecidos. Las pócimas de política de las grandes luminarias del agrarismo local (créditos subsidiados, protección comercial, garantías crediticias, precios de refugio, derechos de propiedad discrecionalmente respetados –minifundios incluidos-) garantizan pobreza. Garantizan un tercio de votos para el contestatario izquierdista de turno…

Este es el centro del drama de la agricultura nacional. Que es el drama de un tercio de nuestra fuerza laboral y configura el grueso de los peruanos ubicados debajo de la línea de pobreza. Los agraristas locales  son hábiles presentándose como intelectuales progresistas y aliviadores de una pobreza (cuyo statu-quo defienden sin mayor vergüenza). Pero, casi tan efectivos como ellos –defendiendo este drama- resultamos el resto. Calladitos.

No solo temiendo decir que el Agro no es un sector minusválido. Que es un sector de negocios. Obviando que un tipo de cambio de mercado, la reconcentración de la propiedad, la reforma educativa rural y la reducción del déficit de infraestructura en areas rurales configuran la clave para cambiarle el rostro al Perú.

Pero notémoslo bien: no se trata de aportar por un agro movido fuera del mercado (con programas mixtos o estatales, “iluminados”). Se trata de profundizar y acercar el mercado. Nada de programas cerrados, prohibidos de ser monitoreados por resultados y etiquetados sospechosamente como programas de “alivio de la pobreza”. Esos son o pura demagogia o negociados privados. No sirven para nada. Regalos donde no hay infraestructura elemental y donde la calidad educativa es aberrante no ayudan.


* Uso aquí el vocablo “chupada” tanto como sinónimo de asustada (parafraseando en forma distorsionada el título de la premiada película de Claudia Llosa); cuanto como succionada o saqueada. Descarte –por favor- cualquier otra interpretación chabacana.

 

 

 


¿Tiene Paul Krugman la razón?

Febrero 23, 2009

presentacion1El premio Nóbel de Economía 2008, Paul Krugman es un economista destacado. Su aporte a la teoría de comercio internacional es importante.

Sus columnas en el New York Times (linkeadas usualmente en este humilde blog) lo ubican tanto como un referente del progresismo gringo cuanto como uno de los más destacados difusores vivos del pensamiento keynesiano.

Krugman es diferente a Stiglitz o Chomsky básicamente por su lucidez, aunque también por su mutabilidad. En esto parece mucho al economista de moda en estos días (el difunto John M. Keynes).

En los últimos tiempos y en forma sinuosa pero articulada este destacado columnista se ha convertido en el defensor por excelencia de los rescates y nacionalizaciones bancarias.

En su columna del día de hoy (Banking on the Brink –link: http://www.nytimes.com/2009/02/23/opinion/23krugman.html?_r=1&pagewanted=print) se juega abiertamente por la nacionalización de las pérdidas bancarias.

Y lo hace apostando por tres observaciones:

             I.     Algunos bancos serían zombies. Estarían tan quebrados que sólo operan dada la expectativa de reflotamiento estatal;

           II.     Que a él le parece que deben ser rescatados (“banks must be rescued. The collapse of Lehman Brothers almost destroyed the world financial system, and we can’t risk letting much bigger institutions like Citigroup or Bank of America implode”);

          III.     Y que aunque los bancos deben ser rescatados, la operación no debe tolerar beneficios para los accionistas (me temo que más que una observación ésta sería una buena intención compartida por todos, incluidos a los banqueros).

Premio Nóbel o no, su razonamiento no parece muy sólido hasta aquí.

Sin embargo, más débiles que sus observaciones resultarían sus remedios: Los contribuyentes deben pagar la factura “To end their zombiehood the banks need more capital. But they can’t raise more capital from private investors. So the government has to supply the necessary funds”. Pero… ¿Por qué?

Su respuesta aquí es circular: sí porque sí (“they’re zombie banks, unable to supply the credit the economy needs”).

Luego de tan erudita justificación, el Nóbel nos recuerda la historia.

Nos repite -!Oh Sorpresa!- Otros progre-mercantilistas han socializado pérdidas privadas (“it’s as American as apple pie”).

Además nos amenaza (“the longer we live with zombie banks, the harder it will be to end the economic crisis”).

Esto a pesar de que la historia de los años treinta contrasta que la intervención no corrigió sino alargó innecesariamente la recesión.

A pesar de todo esto Krugman no parece estar interesado en hacer de tonto útil a ciertos contrabandos que ya parece querer esbozar la administración obamista: nada de ““public-private partnerships”.

 

Pero entonces ¿cual es el problema de fondo aquí? ¿Qué hacer? Para enfocar una lúcida respuesta a esta pregunta, los invito a escuchar la entrevista semanal de Econtalk (Meltzer on Inflation) –link: http://www.econtalk.org/archives/2009/02/meltzer_on_infl.html - y que me atrevo a resumir simplemente como que urge entender que hay que restaurar la confianza. ¿Y luego? Simplemente, dejar actuar a los privados.

 

Cuanto más se abuse –con regulación, impuestos o inflación- más larga resultará la crisis.

 


Cochrane vs. Acemoglu

Febrero 16, 2009

En estos días en los que todo el mundo habla de la crisis financiera norteamericana, y se habla de los eventos negativos del día y/o de las acciones gubernamentales para paliarlos, pocas veces tenemos el tiempo para enfocar el fondo de la historia. A quienes les interese esto los invito a escuchar dos notables audios extraídos de uno de los mejores podcasts disponibles (Econtalk). Estos notables y polarizados audios nos refieren a conversaciones de Russ Roberts (George Mason) con Daron Acemoglu (MIT) –link : http://www.econtalk.org/archives/2009/02/acemoglu_on_the.html-y con John Cochrane (U Chicago) –link: http://www.econtalk.org/archives/2009/02/cochrane_on_the.html- .
Les recomiendo especialmente tomarse el tiempo. Aclaran muchas cosas.


Obanomics: muchas más dudas que tranquilidades

Febrero 7, 2009

Barack Obama llegó al gobierno norteamericano impecablemente. Con una campaña demoledora y derrotando da dos rivales directos de fuste (Clinton y McCain). Ha heredado una crisis abierta y demoledora. Pienso que su éxito es de enorme importancia no solo para el corajudo pueblo estadounidense. Pienso también que –en las circunstancias extremadamente complejas que implica hoy un primer año de gobierno- no le ayudará nada la autocomplacencia. En la campaña electoral no solo adquirió pesadas deudas con los sindicatos, ofreció en la campaña lo que la gente quería escuchar. Esto último –como Paul Samuelson planteó hace ya varias décadas atrás- es justamente lo que no va a pasar.

Barack Obama necesita calibrar lo que ofrece. Aquí pienso que la cosa trasciende lo que terminen aprobando demócratas y republicanos en el congreso. Trasciende también la visión cerrada de los simpatizantes demócratas.  Al nuevo presidente le convendría escuchar a técnicos ajenos a su entorno. En estas líneas los invito a ponderar la posición de tres economistas de primer nivel.

El primero es Robert J. Barro, profesor de la universidad de Harvard (éste sí es profesor de Harvard), y los invito a ponderar sus serias inquietudes sobre el plan de Obama tanto en el Wall Street Journal –el 22.01.09- (en el link http://online.wsj.com/article/SB123258618204604599.html#printMode), cuanto en su entrevista en The Atlantic (titulada a Brave New Deal con link http://business.theatlantic.com/2009/02/an_interview_with_robert_barro.php).

Paralelamente, ponderemos A Irving Seltzer (del Instituto Hudson) en el London Sunday Times (link http://rs.hudson.org/index.cfm?fuseaction=publication_details&id=5990); y a otro caserito de este blog: Martin Wolf –el columnista estrella del Financial Times- quien recientemente, en dos artículos consecutivos, no solo insiste en las razones por las cuales hoy el plan de Obama resulta hoy no sólo inadecuado sino incompleto, sino que sugiere la enorme importancia global de las decisiones del 2009 (respectivamente en los link: http://www.ft.com/cms/s/d7ff9856-e191-11dd-afa0-0000779fd2ac,Authorised=false.html?_i_location=http%3A%2F%2Fwww.ft.com%2Fcms%2Fs%2F0%2Fd7ff9856-e191-11dd-afa0-0000779fd2ac.html&_i_referer=http%3A%2F%2Fwww.ft.com%2Fcomment%2Fcolumnists%2Fmartinwolf  y en http://www.ft.com/cms/s/0/4f5c5ba2-dc22-11dd-b07e-000077b07658.html).

En todo caso a nosotros –entre el trópico y los andes- nos conviene desconfiar en las voces autocomplacientes y enfocar cada quien si la cosa como va puede verosímilmente ponerse más fea en los días por venir.


Sobre Etiquetas y Contrabandos

Febrero 6, 2009

Las Etiquetas pueden resultar muy útiles. Tanto para explicar lo que está adentro, cuanto para confundir (engañar) al que las lee. Por tradición en la Latinoamérica, el uso engañoso de los etiquetados no ha sido nada raro. Regímenes populistas se han bañado en retóricas ortodoxas o neoliberales, mientras que el grueso de programas de Gasto Social o de Ayuda sectorial sólo han escondido lamentables episodios de corrupción y mercantilismo nunca castigados. Para muestra un botón.

En nuestro país a lo largo de los ochenta, uno de los tipos de cambio controlados de un régimen múltiple, se le denominaba como el tipo del mercado “único” (o dólar MUC). Revisando nuestra historia económica reciente podemos encontrar –sin mucho esfuerzo- cientos de ejemplos de etiquetados confusos, manipuladores y abiertamente mentirosos. Tengámoslo en cuenta: a través de ellos se nos han contrabandeado muchas barbaridades.

Hoy, nuestro BCR, responsable central de uno de los procesos inflacionarios más largos y destructivos de la historia mundial, ha optado por etiquetar sus cerrados afanes de controlar el dólar, con la fórmula de que desea combatir la volatilidad del tipo de cambio (dizque para que las facturas de telefonía o cable no suban). En esta prédica nos contrabandean además que “no combatirán la tendencia de mercado”, pero que sí evitarán “los picos excesivos y los movimientos bruscos” (¿?). La realidad es otra. Desde hace ya varios años el BCR ha distorsionado significativamente tipo de cambio local. Después de obligar a que los ahorros de los trabajadores en las AFP no diversifiquen globalmente su riesgo, hace pocas semanas atrás emitían desproporcionadamente para comprar dólares (patrón que llegó a implicar casi un 15% del PBI en compras netas).

Cuando se despertó la actual crisis financiera global y la bolsa Limeña se cayó de bruces, se puso a vender divisas masivamente. Sólo a lo largo del último semestre del año pasado, el BCR vendió dólares –para evitar a como dé a lugar un realineamiento hacia arriba- por US$5,979 millones. Enfocado esto, aproximémonos a la pregunta del millón: ¿Cuál sería el desenlace previsible del tratar de estimular la demanda interna con políticas fiscales y monetarias simultáneamente expansivas, en un ambiente en el cual se apuesta por un dólar nominalmente rígido?


Fijo y Flexible

Febrero 1, 2009

¿Cómo debería manejarse el dólar en el Perú? ¿Resultaría mejor un régimen determinado (fijo, reptante, flexible, etc.) ?

Esta es una interrogante que además de despertar pasiones y controversias, tiene en realidad una respuesta sencilla.

El mejor régimen cambiario para cualquier país es un régimen Fijo-Flexible. Un esquema de manejo cambiario consistente con altos niveles de estabilidad (léase: predictibilidad) en el precio nominal de la divisa y consistente –también- con un alto grado de flexibilidad real ante perturbaciones de mercado. En principio todo esquema cambiario bien manejado y coordinado con el resto de la política económica puede caer en esta categoría.

Por ejemplo, un esquema de convertibilidad, o currency board, puede resultar (como lo resultó en Hong Kong por décadas) una excelente alternativa; dado el manejo monetario que lo acompañó y la alta flexibilidad en los mercados no transables de la economía hongkonesa. A pesar del congelamiento legal del tipo de cambio nominal, la libertad económica y la profundidad de la competencia no transable le dio a este esquema cambiario la combinación de estabilidad nominal con flexibilidad real.

Notémoslo bien: éste no fue el caso de la Argentina de Domingo Cavallo. Allí se cometieron todos los errores que cualquier gestor de una caja de convertibilidad debe evitar. La falla no fue del esquema: fue de su gerencia.

Otro buen ejemplo lo dan la cantidad de países que hoy combinan un régimen de tipo de cambio libre o flotante con un manejo monetario serio. En ellos también el tipo de cambio nominal es relativamente estable (reflejo de la responsabilidad monetaria) y todo lo flexible que se requiere frente a variaciones en el nivel de escasez de las divisas.

El caso peruano actual, un régimen de flotación sucia que esconde la persecución de dos objetivos contradictorios (una meta inflacionaria simultáneamente a un piso y/o techo nominal), nótese dentro de un mercado severamente distorsionado por la imposición de una regulación que impide la plena diversificación del riesgo de los ahorros previsionales privados, dista mucho de ser recomendable.

Hoy por hoy  nadie cree en la estabilidad del cambio. Así como pocos meses atrás el BCR tuvo que relajar sus patrones de inyección de liquidez y crédito nominal para emitir todo lo necesario para evitar un derrumbe nominal del tipo de cambio (en algún momento con un flujo anualizado de compras no esterilizadas  cercano al 15% del PBI); sólo en los últimos cuatro meses –ante el nerviosismo despertado por la recesión global- el instituto emisor ha tenido que vender desesperadamente divisas por casi 6 billones de dólares. Flujo difícil de sostener en el tiempo.

Pero esto no es lo peor del esquema cambiario prevaleciente. En medio de una recesión global, dentro de la cual resulta clave tratar de ganar competitividad para exportar (y tratar de captar inversiones asociadas), el BCR irracionalmente bloquea la elevación del tipo de cambio nominal; mientras (como para maximizar los daños) eleva el dinamismo de los precios no transables con una política crediticia innecesariamente expansiva.

¿Qué deberíamos hacer?

Pues la respuesta es sencilla. Transitar hacia un sistema estable (nominalmente) y Flexible (en términos reales). ¿Y qué esquema es éste?

Pues cualquiera, pero bien administrado.

La inclinación personal de este bloguero va hacia un régimen de flotación (escrupulosamente esterilizado) y acompañado de un régimen de meta inflacionaria de a verdad. Otra vez nótese: para que el tipo de cambio sea libre debemos elininar las distorsiones prevalecientes en el mercado de divisas.

Una precisión final. Claro está que el tipo de cambio real siempre flota. Pero no basta que flote. Un tipo de cambio baratito, distorsionado por regulaciones torpísimas, claro que flota. Pero flota erosionando competitividad y engendrando una crisis en cuenta corriente, más temprano que tarde.

 

 


¿A qué estamos jugando?

Enero 26, 2009

Este lunes, como ya se está haciendo costumbre desde hace varios meses, volvemos a comenzar la semana con noticias de un adicional endurecimiento de la recesión en ambientes desarrollados y emergentes (China, Brasil, India et al). Sin embargo, el grueso de las revisiones locales sobre lo que pasó el 2008 en términos de  crecimiento económico, exportación, recaudación de impuestos, captación de inversiones u ocupación, tienden a darnos la impresión que la recesión global “no nos está llegando”. Ésta impresión es acompañada por otra que sostiene que si bien algunos sectores sufrirán una pegada moderada, éste impacto focalizado podrá ser compensado por un manejo anti-crisis basado en esquemas de toda moda (inflar el gasto y la liquidez discrecionalmente). Sobre cualquiera de estos dos matices –y de la mano con la peligrosa creación de una comisión congresal anticrisis- se van colgando los vivazos de siempre. Y, cada vez con mayor popularidad, nos están contrabandeando la necesidad de acciones alternativas (léase: subsidios) a nombre de empleos y productores locales.

Juega a favor de estos vivazos –otrora nacionalistas y defensores de la manito estatal- que el gringolandia y en Europa se están socializando pérdidas y protegiendo a nombre de las mayorías a unos pocos vivazos de aquellos lares. En este artículo cuestionemos las cosas y reevaluemos lo que hacemos hoy. Con nuestro paquete anti-crisis y los subsidios que están en línea en los ministerios ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Hacer esto sería suficiente?

Económicamente hablando –frente a la recesión global- el plan anti crisis implica dos cosas: gastar más (en un ambiente de tipo de cambio fijo y ahorros previsionales atados a la plaza),  y soltar crédito nominal discrecionalmente desde el BCR y el Banco de la Nación. Los subsidios sectoriales (hacia las Finanzas, Agricultura, Manufactura) serían un plus dependiente de la capacidad coercitiva de cada grupo de interés. Aquí la lógica económica es simplona. Como habríamos estado creciendo (supuestamente) llevados por el dinamismo de la demanda interna (gasto fiscal, consumo e inversión privados), bastaría con garantizar que ésta se mantenga dinámica.

Aquí esta el problema. Esta lógica hace agua al dejar de lado dos aspectos cruciales. El primero implica tener bien claro que la demanda interna ha podido crecer sostenidamente sólo gracias al dinamismo de la exportación y la captación de inversiones y remesas del exterior. El segundo –y no menos importante- implica recordar que con términos de intercambio rompiendo todos los registros históricos, el arrastrar un dólar distorsionado hacia abajo afectó nuestra competitividad, pasó como una suerte de defecto desapercibido.

Tengámoslo bien en claro también: los rescates bancarios e industriales que hoy vemos en el norte no van a ayudar. Masivamente aplicados –como es el caso- nunca han funcionado. Sólo introducen incentivos perversos y profundizan los problemas.

Dado este escenario, gastando hiperactivamente y perdiendo competitividad con un dólar al que no se le deja flotar, resulta previsible que el patrón actual de pérdidas de reservas internacionales se haga insostenible. Entonces será todo más complicado.

Enfoquémoslo bien: la recesión ya llegó y sus efectos locales dependerán de lo que hagamos. Estamos desenvolviéndonos ya en un ambiente con términos de intercambio y demandas en simultánea contracción, a lo que hay que añadir devaluaciones competitivas de rivales comerciales directos. El panorama global, como lo sostuvo la semana pasada el Director Ejecutivo del FMI, previsiblemente va a empeorar. Persistir con el esquema actual es equivocado.

Reaccionemos ahora que estamos aún a tiempo.