El Espejo Externo

Abril 15, 2009

econoversiaParecemos muy preocupados por las cuentas fiscales. Por la morosidad bancaria. Porque la burocracia gaste mejor. Por la suerte de tres o cuatro señorones –y señoritos- mercantilistas que nos amenazan con despedir gente. Por gente que difícilmente podemos emplear -más allá de en días de vacas gordas- y para que no se dispare la pobreza rural. Pero ignoramos las tendencias incipientemente peligrosas de nuestra balanza de pagos. Ignoramos sus señales (ver figura adjunta)

Creemos que tenemos reservas internacionales para rato. Creemos que controlar el tipo de cambio (dizque controlar su volatilidad) nos aseguraría estabilidad nominal. Creemos que los regalitos para el agro van a compensar la previsible caída de las agroexportaciones. Creemos que la recesión global se está moderando.

Ojalá no nos equivoquemos. La factura resultará elevada. En todo caso resulta clave mirar el espejo de nuestras cuentas externas.

PD: ¿Cuáles son estas tendencias:

Se deterioran las exportaciones, remesas y los influjos de capitales sostenida y simultáneamente. Esta situación debe ser revertida.

Se deben enervar competitividades exportadoras y captadoras de inversión como una suerte de prioridad nacional (Educación, Infraestructura, dólar libre y reformas sectoriales).

Resignarse a menor crecimiento (con dólar barato), dado el actual deterioro global, implica un caminito harto conocido en la región…


La Teta Chupada*: El Vergonzosamente Escondido Drama de la Agricultura Peruana

Marzo 15, 2009

 

 

presentacion1

Nos agrade escucharlo o no, una agricultura atrasada, protegida comercialmente y discrecionalmente subsidiada, es el gran negocio de la izquierda peruana desde los aciagos días de la corrupta dictadura velazquista. Es la gran teta succionada, política y económicamente, por el grueso de la izquierda peruana conocida.

El negocio económico se da en forma ordenada (aunque variopinta) a través de la administración de subsidios diversos y desde el financiamiento –nunca monitoreado por resultados- local y global de sus diversas ONGs. Bajo la idea de que el agro peruano es mayormente no competitivo y que debe ser direccionado por la burocracia de turno y que el minifundio es intocable (una suerte de rezago institucional inevitable). Dentro de este statu-quo (solo trastocado temporalmente bajo la administración del ex ministro Benavides) un ministro como el actual resulta clave.

El negocio político es más procaz. Todo régimen totalitario de izquierda requiere un país dividido, con excluidos frustrados y empobrecidos. Las pócimas de política de las grandes luminarias del agrarismo local (créditos subsidiados, protección comercial, garantías crediticias, precios de refugio, derechos de propiedad discrecionalmente respetados –minifundios incluidos-) garantizan pobreza. Garantizan un tercio de votos para el contestatario izquierdista de turno…

Este es el centro del drama de la agricultura nacional. Que es el drama de un tercio de nuestra fuerza laboral y configura el grueso de los peruanos ubicados debajo de la línea de pobreza. Los agraristas locales  son hábiles presentándose como intelectuales progresistas y aliviadores de una pobreza (cuyo statu-quo defienden sin mayor vergüenza). Pero, casi tan efectivos como ellos –defendiendo este drama- resultamos el resto. Calladitos.

No solo temiendo decir que el Agro no es un sector minusválido. Que es un sector de negocios. Obviando que un tipo de cambio de mercado, la reconcentración de la propiedad, la reforma educativa rural y la reducción del déficit de infraestructura en areas rurales configuran la clave para cambiarle el rostro al Perú.

Pero notémoslo bien: no se trata de aportar por un agro movido fuera del mercado (con programas mixtos o estatales, “iluminados”). Se trata de profundizar y acercar el mercado. Nada de programas cerrados, prohibidos de ser monitoreados por resultados y etiquetados sospechosamente como programas de “alivio de la pobreza”. Esos son o pura demagogia o negociados privados. No sirven para nada. Regalos donde no hay infraestructura elemental y donde la calidad educativa es aberrante no ayudan.


* Uso aquí el vocablo “chupada” tanto como sinónimo de asustada (parafraseando en forma distorsionada el título de la premiada película de Claudia Llosa); cuanto como succionada o saqueada. Descarte –por favor- cualquier otra interpretación chabacana.

 

 

 


Sobre Etiquetas y Contrabandos

Febrero 6, 2009

Las Etiquetas pueden resultar muy útiles. Tanto para explicar lo que está adentro, cuanto para confundir (engañar) al que las lee. Por tradición en la Latinoamérica, el uso engañoso de los etiquetados no ha sido nada raro. Regímenes populistas se han bañado en retóricas ortodoxas o neoliberales, mientras que el grueso de programas de Gasto Social o de Ayuda sectorial sólo han escondido lamentables episodios de corrupción y mercantilismo nunca castigados. Para muestra un botón.

En nuestro país a lo largo de los ochenta, uno de los tipos de cambio controlados de un régimen múltiple, se le denominaba como el tipo del mercado “único” (o dólar MUC). Revisando nuestra historia económica reciente podemos encontrar –sin mucho esfuerzo- cientos de ejemplos de etiquetados confusos, manipuladores y abiertamente mentirosos. Tengámoslo en cuenta: a través de ellos se nos han contrabandeado muchas barbaridades.

Hoy, nuestro BCR, responsable central de uno de los procesos inflacionarios más largos y destructivos de la historia mundial, ha optado por etiquetar sus cerrados afanes de controlar el dólar, con la fórmula de que desea combatir la volatilidad del tipo de cambio (dizque para que las facturas de telefonía o cable no suban). En esta prédica nos contrabandean además que “no combatirán la tendencia de mercado”, pero que sí evitarán “los picos excesivos y los movimientos bruscos” (¿?). La realidad es otra. Desde hace ya varios años el BCR ha distorsionado significativamente tipo de cambio local. Después de obligar a que los ahorros de los trabajadores en las AFP no diversifiquen globalmente su riesgo, hace pocas semanas atrás emitían desproporcionadamente para comprar dólares (patrón que llegó a implicar casi un 15% del PBI en compras netas).

Cuando se despertó la actual crisis financiera global y la bolsa Limeña se cayó de bruces, se puso a vender divisas masivamente. Sólo a lo largo del último semestre del año pasado, el BCR vendió dólares –para evitar a como dé a lugar un realineamiento hacia arriba- por US$5,979 millones. Enfocado esto, aproximémonos a la pregunta del millón: ¿Cuál sería el desenlace previsible del tratar de estimular la demanda interna con políticas fiscales y monetarias simultáneamente expansivas, en un ambiente en el cual se apuesta por un dólar nominalmente rígido?


Fijo y Flexible

Febrero 1, 2009

¿Cómo debería manejarse el dólar en el Perú? ¿Resultaría mejor un régimen determinado (fijo, reptante, flexible, etc.) ?

Esta es una interrogante que además de despertar pasiones y controversias, tiene en realidad una respuesta sencilla.

El mejor régimen cambiario para cualquier país es un régimen Fijo-Flexible. Un esquema de manejo cambiario consistente con altos niveles de estabilidad (léase: predictibilidad) en el precio nominal de la divisa y consistente –también- con un alto grado de flexibilidad real ante perturbaciones de mercado. En principio todo esquema cambiario bien manejado y coordinado con el resto de la política económica puede caer en esta categoría.

Por ejemplo, un esquema de convertibilidad, o currency board, puede resultar (como lo resultó en Hong Kong por décadas) una excelente alternativa; dado el manejo monetario que lo acompañó y la alta flexibilidad en los mercados no transables de la economía hongkonesa. A pesar del congelamiento legal del tipo de cambio nominal, la libertad económica y la profundidad de la competencia no transable le dio a este esquema cambiario la combinación de estabilidad nominal con flexibilidad real.

Notémoslo bien: éste no fue el caso de la Argentina de Domingo Cavallo. Allí se cometieron todos los errores que cualquier gestor de una caja de convertibilidad debe evitar. La falla no fue del esquema: fue de su gerencia.

Otro buen ejemplo lo dan la cantidad de países que hoy combinan un régimen de tipo de cambio libre o flotante con un manejo monetario serio. En ellos también el tipo de cambio nominal es relativamente estable (reflejo de la responsabilidad monetaria) y todo lo flexible que se requiere frente a variaciones en el nivel de escasez de las divisas.

El caso peruano actual, un régimen de flotación sucia que esconde la persecución de dos objetivos contradictorios (una meta inflacionaria simultáneamente a un piso y/o techo nominal), nótese dentro de un mercado severamente distorsionado por la imposición de una regulación que impide la plena diversificación del riesgo de los ahorros previsionales privados, dista mucho de ser recomendable.

Hoy por hoy  nadie cree en la estabilidad del cambio. Así como pocos meses atrás el BCR tuvo que relajar sus patrones de inyección de liquidez y crédito nominal para emitir todo lo necesario para evitar un derrumbe nominal del tipo de cambio (en algún momento con un flujo anualizado de compras no esterilizadas  cercano al 15% del PBI); sólo en los últimos cuatro meses –ante el nerviosismo despertado por la recesión global- el instituto emisor ha tenido que vender desesperadamente divisas por casi 6 billones de dólares. Flujo difícil de sostener en el tiempo.

Pero esto no es lo peor del esquema cambiario prevaleciente. En medio de una recesión global, dentro de la cual resulta clave tratar de ganar competitividad para exportar (y tratar de captar inversiones asociadas), el BCR irracionalmente bloquea la elevación del tipo de cambio nominal; mientras (como para maximizar los daños) eleva el dinamismo de los precios no transables con una política crediticia innecesariamente expansiva.

¿Qué deberíamos hacer?

Pues la respuesta es sencilla. Transitar hacia un sistema estable (nominalmente) y Flexible (en términos reales). ¿Y qué esquema es éste?

Pues cualquiera, pero bien administrado.

La inclinación personal de este bloguero va hacia un régimen de flotación (escrupulosamente esterilizado) y acompañado de un régimen de meta inflacionaria de a verdad. Otra vez nótese: para que el tipo de cambio sea libre debemos elininar las distorsiones prevalecientes en el mercado de divisas.

Una precisión final. Claro está que el tipo de cambio real siempre flota. Pero no basta que flote. Un tipo de cambio baratito, distorsionado por regulaciones torpísimas, claro que flota. Pero flota erosionando competitividad y engendrando una crisis en cuenta corriente, más temprano que tarde.